jueves, 29 de mayo de 2008

En el verano

Como se podrán dar cuenta, Sin Embargo ha cesado su actividad durante el verano, pero volverá para el otoño. Estamos abiertos a sugerencias y comentarios después de un semestre de actividad para poder realizar un mejor trabajo el semestre que sigue. Si alguien desea participar de manera más constante con la publicación su participación es más que bienvenida para poder hacer de Sin Embargo algo más chido. Estamos en contacto por medio de nuestro correo sinembargoiteso@gmail.com

Suerte en el verano

Consejo editorial Sin Embargo

miércoles, 7 de mayo de 2008

Cartón


Por Rodrigo Partida

Crónica de un día de mayo

Por Sara Mandarina

Son las dos de la mañana y estoy sentada frente a mi computadora portátil que poco a poco empiezo a despreciar. Quiero dormir y las obligaciones me tienen sentada como zombie, pretendiendo que pienso, engañándome a mí misma.

Son las doce del día y veo gente en los pasillos que saludo desvergonzadamente, cayendo sólo mucho después en la cuenta de que no los conocía y los confundí. Después ignoro, porque simplemente no existen, no los veo, a los que sí son mis amigos y que han confiado sus secretos más oscuros entre tarros de cerveza oscura.

Son las cuatro de la tarde y el calor está insoportable. Me meto al coche y me abraza… me abrasa. Conduzco despistada; soy la peor cafre sobre la vía, seguro, no hay ninguna duda. Quiero llegar. Quiero chocar. Quiero detener el carro. Quiero dormir. 

Llego a la casa y me duermo una hora, que más bien parece un minuto en el infierno. Me levanto y son las seis de la tarde. El calor sigue al acecho pero toma una actitud más amable. Estoy arrebatadoramente cachonda. Pinche primavera, caramba. 

Vuelvo a tomar el coche y me dirijo al centro. Aletargada escucho la sexy voz del vocalista de Tindersticks susurrándome casi al oído. Mi meta es una chela y está tan cerca y tan lejos. Bueno, la chela y un ligue. ¡Dios, una mirada, un guiño, un beso, un faje, un polvo! ¡Algo!

Llego y no está el susodicho que me podría haber rescatado de mi ardiente efervescencia. Me engullo una cerveza. 

Repentinamente, como un relámpago, me acuerdo de algo que mi cerebro no es capaz de identificar pero mi estómago sí. Recapitulo y me pongo a pensar qué me estresó. La tarea para Ángela Godoy. ¡Coño! 

Despeinada, estreñida, con la vista nublada, el cerebro dormido, el alma inquieta y las vísceras reclamando besos y risas digo: ¡Malditos finales de semestre de primavera!

No quiero escribir...

Por Laura Liliana Ruiz

No quiero escribir, no quiero pensar, hoy me duele el cuerpo y el alma.

¿Qué personaje seré mañana?, ¿qué parte de mi alma desaparecerá mañana?, ¿qué parte de mi cuerpo adelgazará y sudará qué nuevo llanto?

No quiero escribir, hoy estoy patética, triste y fácil.

Las piernas me duelen, las he abierto tantas veces… y aún me duelen, aún me piden caricias y sueños de cuentos de hadas.

Me duele la espalda, aún me pide la sensualidad que no tiene y no tendrá. Aún me pide ser perfecta. Quiere que la mire y un espejo no le basta, quiere que la sueñe y otros ojos la destruyen. Me pide tanto y me duele tanto…


No quiero escribir, las letras me escupen abismos, mediocridades, soledades de piernas abiertas y sonrisas de mona lisa.

No quiero escribir porque me duelen estas letras pretenciosas y vacías de mí, pretenden tanto… son tan falsas...

No quiero escribir mi mierda, la maldita mosca que no me llevaré silbando.

No quiero escribir pues no siento nada. ¡Puta vida de sueños y tinta cansada, mentiras hermosas y metáforas de mierda!

No quiero escribir porque me duele el dolor que no es mío sino del vacío.
A mi corazón le cuesta latir, no quiere vivir ni morir. La pluma pausa pero aun escribe y no quiero.

¿Por qué las pausas y silencios no se escriben? ¿Cuantas hojas dejaría en blanco? ¿Cada que fumo o pienso metáforas falsas, cuántas hojas en blanco me cuestan? ¿A qué ritmo va el silencio? ¿Cuál es la partitura de esta farsa?

No quiero escribir…

miércoles, 30 de abril de 2008

Foto


Por Luis Eduardo Luna

En estos días...

Por Sara Mandarina






Estamos en finales.









Entenderte

Por Marylú Vallejo

Te conocí el primer día del primer semestre; anteriormente había escuchado de ti, pero no te di importancia. Sin embargo, ese día no logré sacarte de mi mente, te introdujiste a tal grado que soñaba continuamente contigo y con todo lo que podría hacer si te conociera más a fondo. El tiempo pasó y, día con día, clase tras clase, notaba que eras muy nombrada por todas las personas con las que platicaba, inclusive médicos. Lentamente te fuiste adueñando de mi vocabulario, como muchas otras, algunas veces de manera despectiva y otras de manera imponente; y aún así no lograba descifrarte. 

Hubiera sido muy fácil si sólo hubiera tomado un diccionario o si le preguntara a alguien que te conociera a la perfección todas tus cualidades, pero tuve miedo. Preferí quedarme con esa parte tan tuya que al mismo tiempo se había convertido en mía, con ese misterio que te rodeaba y me llenaba de intuición para, alguna vez, usarte. 

Los años han pasado; hace poco me dijeron todo lo que me faltaba conocer sobre ti. Y hoy, que me encuentro escribiendo sobre todo lo que has sido para mí, he llegado a la conclusión de que dentro de mi “progreso estudiantil” han existido varias coyunturas, entre las cuales se encuentra una muy importante: ¡entenderte, bendita Coyuntura!

Movilidad urbana es movilidad humana

Por Eduardo Martínez

Hace unos años, cuando la infraestructura de la zona metropolitana dobló su resistencia ante la presión del creciente parque vehicular, la denominada ‘Movilidad Urbana’ comenzó a ser tema periodístico, de café, de rutina. Hoy, este proceso de discusión general ha crecido en importancia con los años transcurridos. Encontrar alternativas para conseguir un flujo vehicular efectivo, es una pesquisa de todo mundo: de preocupación entre privados y públicos; responsables y espectadores; y en resumen, se habla y se trabaja para saber cómo será mejor moverse. Ahora sí son pretendidas las soluciones para el éxito en el tránsito vehicular. No obstante, debajo de los autos también hay personas moviéndose por todos lados, como hormigas, y necesitan garantizar su flujo peatonal.

¿Alguno de nosotros ya se preocupó el estatus de ‘Movilidad Física Individual’, por ejemplo en el Campus ITESO?

La muchedumbre, aunque viva en un entorno donde no parezca valer más de lo que representa el parque vehicular que la traslada de aquí para allá; también necesita de regulaciones para andar con eficacia. Y la sorpresa es que sí las hay, las hay para la gente que elige ser consciente. La que piensa un paso adelante, y piensa en virtud de sus intereses y de quienes ensamblan su entorno inmediato, con quienes intercala sus tiempos y espacios reducidos.

Voy a reflejar lo dicho, en lo cotidiano. Los cientos de estudiantes universitarios que se concentran y se apoltronan todos los días en la cara oriente de la Cafetería Central, sólo para platicar, no se dan cuenta de que su presencia a lo ancho del pasillo que lleva hasta la explanada del edificio ‘Xavier Scheifler’ obstruye e incomoda el tránsito de todos los que pasan caminando por ahí; si los universitarios, los ilustrados, no quieren hacer conscientes las necesidades de quienes componen la menor de sus circunferencias, en este caso las de movilidad personal; entonces puedo imaginarme que no hay más ni menos esperanza para depositar, en quienes están alejados de los beneficios de esta cara educación. La movilidad y la irresponsabilidad no combinan.

Con mucha buena intención y poquísima suspicacia, la dirigencia del ITESO implantó una plazuela en este sitio, para que los estudiantes pudieran ocuparla y charlar ahí, como acostumbran. El resto del campus, basto e imponente como lo es en su extensión y en sus servicios, se ve que no les interesa para desperezarse.

Lo que sí debe interesarnos es que hay varias reglas esenciales en la Movilidad Física Individual; y que no implican más esfuerzo que pensar un poco, tener buen ojo y la voluntad de no importunar el desplazamiento a los demás.Qué tal si aplicamos estas reglas en nuestra vida diaria, para garantizar una buena experiencia de movilidad peatonal cotidiana.

1.- Hay que andar siempre por la derecha. Dividamos el camino que andamos en dos sendas longitudinales, y caminemos por la del costado derecho. Esta regla simple, evita las ‘danzas de confusión’ que se generan cuando dos personas se encuentran de frente, en una vereda angosta del centro de la ciudad, por ejemplo.

2.- A platicar al parque. Si dos afectos coinciden en un pasillo o banqueta; antes de hacer pausa y saludarse, deben buscar un lugar donde no obstruyan el flujo de quienes pasean por el mismo camino, aunque no parezca venir nadie por ningún lado. Esta medida puede aplicarla uno de los dos, tres o diez implicados; el más consciente del grupo; y claro, siempre antes del beso y el abrazo que arranca la plática.

3.- Mucha prisa, poca prisa. Es más complicado de aplicarse, en especial si se trata de enfermos o de ancianos; pero es un hecho que quien lleva prisa debe encontrar un canal libre para pasar sin embestir a los demás. Quien no lleva prisa, es muy probable que no pierda nada con dejarse rebasar por el que no tiene tiempo qué perder. Hay que voltear el cuello y observar bien, para entender qué sucede a nuestras espaldas.

4.- La basura es como un tope. Básico para quienes visitan los tianguis o lugares muy congestionados. La basura, aunque sea ‘un papelito’, se acumula y en suma obstruye; y puede dificultar el paso de más de una persona dentro de la multitud. Por supuesto, si quien lee esto atiende un local o una estantería, debe guardar la basura que genera su trabajo, y responsabilizarse de ella hasta su recolección final.

5.- Ruedas no. Si va a un tianguis, a una exposición o a cualquier sitio lleno de personas; no cometa el error de hacer rodar una carreola, una bicicleta, un triciclo,  o una patineta entre las demás personas. Es incómodo para todos, entorpece el movimiento. En una idea, el móvil personal de desplazamiento, en el mejor de los casos, debe abarcar sólo el espacio de diámetro que genera el cuerpo de una persona.

6.- No suba ni estacione su auto sobre la banqueta. Esto ayuda a evitar problemas vecinales, da mejor aspecto al vecindario, facilita el tránsito por las veredas de quienes usan sillas de ruedas, ancianos, madres con hijos, ‘diablitos’ y otros tipos móviles de carga. Es imprescindible que esto se aplique, si se trata de una avenida de alto tránsito de carros.

7.- Cada noche ilumine el zaguán de su casa. La movilidad individual nocturna, es más eficaz y cómoda si se iluminan las afueras de las casas. Si quiere ahorrar luz, no sólo compre un foco ahorrador para las afueras, también apague la televisión. Eliminemos la Ciudad Gótica.

8.- Más allá de barrer y lavar la banqueta, anímese a tener en buen estado el trozo de vereda que le corresponde a su casa. Si las raíces de un árbol, a su cargo o dentro de sus territorios, levantan la plancha de cemento de su finca; piense que vale la pena, estética y funcionalmente, usar un domingo para cortar las puntas de las raíces y volver formar la banqueta. Convénzase de que es bueno que su trozo de banqueta luzca superficialmente uniforme, vistosa, presentable y útil. La gente que no tiene ‘15 años’ se lo agradecerá.

9.-La esquina no es Club Social. Especial para barrios populares, y para mujeres que caminan solas de un punto a otro. No sólo es incómodo pasar por una esquina y observar a más de dos personas sentadas o paradas charlando, da desconfianza al peatón, es símbolo de holgazanería y obliga a las personas a perder tiempo en sus traslados, ya sea porque prefieren rodear para evitar tal o cual bocacalle, o porque tienen qué bajar de la banqueta para seguir su camino.

10.-Los Cruces de Peatones, o ‘Pasos de Cebra’ son el espacio de quienes no tienen auto, frénese antes de la inminente luz roja y permítales circular con amplitud por estos pasos.

Los conflictos generados por la ineficacia, inseguridad, el riesgo y la demora del transporte en las manchas urbanas son responsabilidad de todas las personas; la movilidad urbana debe estar garantizada en su funcionalidad y desde su raíz.

miércoles, 23 de abril de 2008

Cartón


Por Guillermo Juárez

Mi escuela

Por Christopher Estrada

Estoy aprendiendo a ser comunicador desde 1995. Recuerdo que mi licenciatura se desarrolló bajo un esquema interesante pero no necesariamente efectivo: muchas materias “teóricas” en los primeros cinco semestres y el resto del tiempo dedicado a talleres y prácticas. Tuve profesores muy buenos y profesores muy malos (entre ellos, varios extranjeros malviajados) y algunos llegaron a darme más de una clase.

Recuerdo que muchos de mis compañeros no sabían escribir con meridiana propiedad ni siquiera el nombre que aparecía en su acta de nacimiento. Otros, llenos de “ideas chidas” en su cabeza, jamás movieron un dedo por hacerlas realidad. A su discurso idealista le seguía el típico reproche a la pobreza de un país que estaba saliendo de una guerra. Yo mismo me rehusaba a leer libros de teoría, porque eso era encasillarse en ideas prestadas.

Recuerdo que muchos de mis maestros se contradecían entre sí, simplemente porque no se tomaban la molestia de compartir los fundamentos de sus clases. Recuerdo que cuando torpemente concluía que un maestro no era de la talla que yo esperaba, criticaba e importunaba su clase unos días y luego, soberbia a cuestas, reprobaba voluntariamente la materia, como una ingenua autoinmolación ejemplarizante dirigida a mi escuela. En menos de un año reduje mi promedio de 9.0 a 7.1.

Ya no soy así de impulsivo… pero no he dejado que otros se encarguen de articular los conocimientos que necesito para ser un mejor comunicador. Cierto: mis clases no fueron un robusto cuerpo integrado de teorías y plataformas metodológicas probadas y pertinentes; ni siquiera tuve el privilegio de tener maestros que hubieran reflexionado sobre su propia profesión o sobre la comunicación. Pero, ¿acaso habría sabido qué hacer con eso en aquellos días? ¿Sería un mejor aprendiz de comunicador ahora? Creo que no.

No he dejado de aprender a ser comunicador desde 1995 porque mi mejor aprendizaje de la escuela fue que yo era el responsable de hacer mi escuela. Desde entonces pregunto cuando algo me inquieta de más, leo cuando un maestro no me satisface, organizo mi consumo de noticias, me empapo de arte, busco hacer concreto lo abstracto… De repente, me encontré con amigos que hacían lo mismo y entonces sí me sentí parte de una escuela. Es una construcción hecha por nosotros mismos, claro, pero frente a ella me siento satisfecho de mí mismo y preparado para construir mucho más.

Malditos ellos…

Por Sara Mandarina

Es la época de finales y como un monstruo que levanta la pata lenta pero decididamente, prometen aplastarnos. Yo no entiendo, la mera verdá’, por qué nos hacen pasar estos suplicios. Todos los profesores, confabulados diabólicamente, deciden dejar hasta el final (de ahí el dichoso nombrecito) el castigo máximo, haciendo sutiles y paradójicas referencias bíblicas (con eso del castigo final, digo). Castigo que disfrazan de inversión: invertimos nuestro tiempo, nuestro esfuerzo, nuestras noches en aprender, en desentelarañar nuestra capacidad reflexiva, analítica y sintética y ejercitar ese fabuloso y nunca bien ponderado músculo conocido mandarinescamente como cerebrín. 

¿Y por qué castigo? Una de dos: o somos bien inteligentes y el profe nos está aplicando esa de “lo que no nos mata nos hace más fuertes” o de plano le deyectamos (o sea, cagamos) al susodicho académico y la explicación al castigo no se hace necesaria. El caso es que en estas fechas, el ITESO se convierte del antro que abre más temprano y donde te dejan pasar incluso descalzo al purgatorio a donde todos vamos a parir chayotes y comparar el avance de nuestro trabajo con todo aquel que se nos cruza por los pasillos, para no sentirnos tan mal o agobiados cuando nos damos cuenta que hay unos cuantos perdidos que ni enterados están del mentado trabajo. 

Tu Bandera

Por Jaime García 

Espero conocer los monumentos, 
y también las avenidas principales,
nunca me ha gustado andar por lo pisado, 
pero seré turista sin cuestionar las huellas del pasado.

Cargo ya con pasaporte, 
con los sellos que confirman lo vivido,
no esperes un hombre con camino recorrido, 
soy solamente del silencio un viejo conocido.

Exploraré sin duda cada puerto, 
olvidando cada barco anclado en tu misterio.

Dejaré lo claro a los de siempre, 
me instalaré en los suburbios de tu vientre,

Y tocaré despacio los adentros, 
inhalando el olor de tu universo,
prepararé la ducha, prenderé la hoguera 
y le haré el amor a tu bandera.

miércoles, 16 de abril de 2008

La foto


Por Humberto Rosales

La pesadilla cotidiana

Por: Dani Lu Rodrìguez Martìnez

“¡No manches! ¿A qué hora se termina esto?” pensé apenas pasados cinco minutos de haber empezado la clase. 

“No me interesa lo que tengas que decir, no me interesa tu punto de vista, ni tu opinión; lo único que me interesa es lo que yo tengo que decir, y si me da la gana te voy a ignorar.” 
Sin hablar, eso es lo que él dice. 

- Profe, me tengo que salir un poco más temprano de la clase hoy, ¿está bien?
- Pues no, lo siento, cuando se acabe la clase, se acabará. 
Yo pensé: ¡¡¿¿en serio??!! 

Sin nada más que decir aparte de: “bueno, eso es todo, se pueden ir”, algunas sesiones después de ese lunes él terminó la clase cuarenta minutos antes de lo normal. Ese día él tenía ya el plan de irse temprano. Quería  ir a un concierto. No recuerdo que haya concluido el tema de aquella sesión. Concluir parecía siempre tan importante para él. Ese día no. 

El día de la evaluación: “nadie volvería a tener una clase con él”. ¡Yo no puedo adivinar por qué!

Todo un semestre pasó por mi cabeza lentamente; eran una tortura cuatro horas a la semana, escuchando un tono de voz sin identidad. No sé decir si es de México, si es de Jalisco o si es de Sinaloa… simplemente insoportable. Un escalofrío horrible cada vez que extendía la ultima sílaba de cada palabra. Y cuando al final escuché de su boca: “tienes cinco” abrí los ojos. Todo fue una pesadilla. 

En realidad ese es el sueño: pensar que todo fue una creación de mi mente mientras mi cuerpo descansaba. La verdad es que esto es mi pesadilla cotidiana. 

Entre citas te verás…

Por: Miguel Angel Cedeño

Casi desde los primeros días en el ITESO, los profesores de las diversas asignaturas piden a sus alumnos trabajos escritos –ensayos, reflexiones, reportes de lectura-, a la vez que piden que se haga referencia directa al texto con el cual se trabaja y que citen según lo dicta las reglas del APA (American Psychological Association), para dar el debido crédito al autor.

El problema surge al momento de citar, puesto que entre los mismos profesores no existe certeza sobre el método. Varía la manera en que piden las citas y en muchas ocasiones te entregan guías de cómo hacerlo, pero no concuerda con la que te dio el profesor de tu siguiente clase. Que si pie de página, al final del texto o con citas dentro de éste; que si el título subrayado o en cursivas… no lo sé.

Es por eso que es necesario que los diferentes departamentos dentro de la universidad –muy en especial los de ciencias sociales- conformen una guía que estandarice la manera en que los alumnos debemos citar en nuestros trabajos escolares, esto sin otro fin que evitar problemas personales que se vieran reflejados en nuestras calificaciones y a la propia universidad, por aquello de los derechos de autor.

Ya pertenezcamos al Departamento de Estudios Socioculturales (DESO), donde es de vital importancia, o a cualquier otro, surge la necesidad de esta propuesta personal –sobre todo en las asignaturas de Currículum Universitario- para ahorrarnos problemas y dificultades al momento de realizar nuestros escritos, haciéndolos de mayor calidad y creando credibilidad ante los ojos de nuestros lectores.

La piedra en el zapato

Por Luis Eduardo Luna

La escuela, en su interés por preparar a los alumnos para el mundo profesional, utiliza una de las herramientas didácticas más provechosas, más subestimadas y más difíciles para los alumnos: los trabajos en equipo. Cada semestre tiene por lo menos uno, y es la piedra en el zapato del alumno. 

En un trabajo en equipo hay quien no hace nada y hay quien hace todo. Existen los que discuten hasta el más mínimo detalle del trabajo, y también los que se resignan a aceptar los mandatos de unos pocos. Hay veces que no existe claridad sobre de qué trata el trabajo encomendado. Los problemas de horarios y tiempos complican la dedicación de los miembros del equipo a la tarea; con tantas facilidades de comunicación, el problema no está ahí. El problema parece estar en la falta de compromiso hacia la tarea.

miércoles, 9 de abril de 2008

Cartón

Aviso de Ocasión


Publicado en Mural. Por Alax

De amores y engaños, historia contada desde la cómplice y una vecina

Por: Sara Mandarina

Una vez me llevabas de la mano por una calle (un poco oscura y vacía, por supuesto) y pasamos frente a una tienda de antigüedades que tenía un espejo en la vitrina. Yo de reojo volteé y me miré sorprendida. Tenía plantada en la cara una sonrisa letárgica, que estaba ahí casi por inercia; era una sonrisa falsa que quería llegar a verdadera. Y aparte unos ojos de frustración resignada. Todo junto, combinado. Resultaba patética. Y quizá no sólo por la sonrisa y los ojos sino porque inmediatamente decidí que así me quería quedar. Porque de otra forma (si la sonrisa se borraba y la frustración dejaba de resignarse) nuestro amor se iba a diluir en las aguas turbias de la indiferencia citadina. 

Pobre de aquella, rumoran las gentes a tu paso. Tú que te crees tan bien acompañada y estás tan sola. Levantas el polvo al andar y polvo es lo único que va contigo, que te acompaña y se queda en ti. Pobre de aquella, tan sola y tan abandonada por todos, por sí misma. 

Tú (y ella), yo (sólo yo, incluso un poco menos que yo) y nuestras circunstancias (los encuentros clandestinos y casi ilegales) fuimos los ingredientes echados a perder de un platillo que hubiera parecido suculento.

Te sigo de cerca y te veo nítida, aunque tú ya sólo distingas una sombra. Te he visto llorando frente al espejo, cuando te palpas la cara y te das cuenta que ya no estás, que eres un recuerdo. Ya te lo habíamos dicho todos, niña terca, en polvo te estás convirtiendo.

Y tú seguías tan cabrón, con ese aire de ingenuidad que te perdonaba todo y te absolvía de tus pecados. Las verdades que me escupías y derrumbaban todos los muros que yo intentaba alzar para aislarme, para no ver la realidad y aislarme en mis mentiras piadosas. Tú, que te erigías como el salvador, la promesa, el amor materializado en un abrazo y una mirada (infinitamente no patética).

Todos sabemos de tu desgracia, querida, tú eres la única que le voltea la cara a tu situación. Dices que no crees en Dios, que no te vas a encomendar a nadie, pero yo sé que tú te das cuenta de que estás en el infierno. 

Devastadoramente claro, arrebatadoramente pasional, absurdamente único, eternamente ajeno. Así eras tú. 

El amor es para volverse loco, princesa, y después sanar. El amor es obstinado e irracional, y tú siempre tan ensimismada, tan reflexiva. Esos besos, esos abrazos, no son tuyos; son compartidos, prestados. Tú te crees que eso que tienes es trascendental, pero en realidad sólo eres víctima de una trampa disfrazada de favor que la vida te tiende.

Mi muy, muy particular punto de vista.

Por Erick Flores Garnelo 

Es válido decir lo que uno piensa. En base a esto puedo decir que los lineamientos del ITESO en el ámbito académico son buenos. El hecho de que no se le encuentre algún sentido táctil hasta el momento no quiere decir que no sirva. Como bien sabemos, cada semestre cambian maestros y por lo tanto perspectivas; pero no quiere decir que no podamos armar nuestro propio rompecabezas de conocimiento.

¿A qué me refiero? Muy simple: el conocimiento se construye y se hila. Si uno no puede ver el ligamento entre una teoría y otra quiere decir que a lo mejor carece de la imaginación sociológica, como diría Wright Mills: “la imaginación sociológica consiste en la capacidad de pasar de una perspectiva a otra y en el proceso de formar una opinión adecuada de una sociedad total y de sus componentes” .

Por lo tanto decir que no hay una relación entre perspectivas depende de la persona que está tomando la clase, ya que el maestro no te va llevar la sopa masticada y te la va dar en la boca, sino que te va decir cómo prepararla. De ahí que nuestro deber como estudiante no sea simplemente tomar el concepto del otro sino hacer los nuestros.

Finalizo diciendo que sería contraproducente sólo ver un lado de la teoría, es como ver el mundo solamente de noche y olvidarse del día. Así concluyo que a lo mejor el ITESO no ofrece lo mejor, pero eso depende de cada estudiante; es muy fácil decir que no hay una conexión entre las clases, semestres y maestros pero esa conexión no es visible y depende de la habilidad de cada quien.